-Él no es humano- respondió
+¿Y por qué iba a serlo? ¿Esperas que los ángeles sean humanos?
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domingo, 28 de agosto de 2011
sábado, 27 de agosto de 2011
Todos podemos ser valientes
No todo el mundo puede ser rico. No todo el mundo puede ser fuerte o inteligente. No todo el mundo puede ser apuesto. ¡Pero todos podemos ser valientes! Si nos decimos que podemos hacerlo; si nos decimos de corazón: <<No te eches atrás>>; si nos comportamos como héroes... ¡todos podemos ser valientes!
jueves, 25 de agosto de 2011
Volverás
Volverás cuando eches en falta los juegos, cuando sus caricias no te ericen la piel y sus besos solo sean una forma de pasar el tiempo.
Volverás cuando el aire que te rodee ya no este lleno de risas, cuando ya no sientas como mis ojos te buscan, cuando estar con ella sea por obligación y no gusto.
Volverás cuando añores mi mano buscando la tuya, cuando ya no signifiquen nada las bromas.
Volverás cuando me busques con la mirada, que cuando alguien te mando un mensaje esperes que sea yo y suspires al comprobar que era ella.
Volverás al ver que las canciones ya no hablan, cuando ya no sonrias al ver el sol y cuando buscar el arco iris no sea divertido.
Volverás cuando algo dentro de ti te diga que quieres estar conmigo, y que cuando la abraces no sientas mariposas.
Volverás cuando necesites escuchar una pregunta absurda o una idea descabellada.
Volverás cuando descubras que mis defectos son encantadores.
Volverás cuando necesites que alguien te diga lo bonita que es tu camiseta, que te dejes de tocar el pelo y que te diga lo guapo que estas por las mañanas.
Volverás cuando me eches de menos.
Volverás cuando el aire que te rodee ya no este lleno de risas, cuando ya no sientas como mis ojos te buscan, cuando estar con ella sea por obligación y no gusto.
Volverás cuando añores mi mano buscando la tuya, cuando ya no signifiquen nada las bromas.
Volverás cuando me busques con la mirada, que cuando alguien te mando un mensaje esperes que sea yo y suspires al comprobar que era ella.
Volverás al ver que las canciones ya no hablan, cuando ya no sonrias al ver el sol y cuando buscar el arco iris no sea divertido.
Volverás cuando algo dentro de ti te diga que quieres estar conmigo, y que cuando la abraces no sientas mariposas.
Volverás cuando necesites escuchar una pregunta absurda o una idea descabellada.
Volverás cuando descubras que mis defectos son encantadores.
Volverás cuando necesites que alguien te diga lo bonita que es tu camiseta, que te dejes de tocar el pelo y que te diga lo guapo que estas por las mañanas.
Volverás cuando me eches de menos.
miércoles, 24 de agosto de 2011
Pobre idiota
Seguía con su farsa, con su encerrarse en sí misma, su "ignorarle", su dolor, su mordaza al corazón, su máscara de felicidad y su disfraz de normalidad; como si aquello le diera igual, como si la única persona a la que había logrado querer no le importase, engañándose a sí misma y a los demás.
Únicamente buscaba una sonrisa, una mirada o un guiño, unas palabras que solo eran para ella, un gesto, ¡algo!, para poder aguantar unos días más.
Únicamente buscaba una sonrisa, una mirada o un guiño, unas palabras que solo eran para ella, un gesto, ¡algo!, para poder aguantar unos días más.
lunes, 22 de agosto de 2011
Y empapado de agua, la invitó a salir
Esa noche Iris casi ni pudo dormir. El calor era axfisiante y los rayos no paraban de iluminar la pequeña habitación; fuera, las ramas de los árboles se agitaban con rabia a causa del viento y la lluvia calaba el suelo de la ciudad.
Despertó temprano y un cielo gris le dio los buenos días desde la ventana.
Se refrescó la cara con un poco de agua y preparó un escaso desayuno compuesto de un café acompañado de un par de galletas.
Aún le daba vueltas al mensaje que recibió la tarde anterior.
Se dio una ducha rápida y se vistió con unos pantalones algo anchos estilo militar y una camiseta negra poco escotada.
Tomó los utensilios de pintura y se dejó caer en el sofá.
Dibujaba con rápidos trazos lo que parecía un puente tipo romano sobre un río rodeado de maleza.
Y en ello estaba cuando su móvil vibró sobre la mesa. Se estiró para alcanzarlo pero solo era una perdida de ¡la persona del mensaje!
Se levantó sobresaltada del sofá y se asomó a la ventana.
Jorge saludaba a Iris apoyado en el coche, estaba completamente calado pero aun así le sonreía.
-¡Baja de ahí!- gritó él sin dejar de mostrar su sonrisa.
-Pero, ¿qué haces? ¿estás loco?- Iris no cabía en su asombro. Allí, bajo su ventana estaba aquel chico de los ojos azules, sonriendole.
-Baja de una vez pequeña loca- gritó el una vez más.
Al escucharlo la cara de Iris pronto adquirió un color rojo. Bajaría y le daría a aquel idiota su merecido.
Jorge la vio desaparecer de la ventana y sonrió, aquella chica era demasiado orgullosa como para dejar que le dijeran algo así sin hacer algo al respecto.
Iris traspasó la puerta del portal, se había puesto una chaqueta para protegerse del frió e iba hacia Jorge echa una furia.
-Tranquila pequeña fierecilla- dijo él parándole los brazos.
Bajo el flequillo Iris le lanzó una mirada llena de rabia y sacudió los brazos para que la soltara.
Jorge no desaprovechó el momento, se acercó a ella y la besó.
-¡Ay!- gritó al instante llevándose la mano a los labios- me has mordido.
-Eres un pervertido- exclamó ella echa una furia- ni se te ocurra volver a besarme sin mi consentimiento.
-Si lo estabas deseando- dijo él con una sonrisa y al instante una lluvia de puños le golpearon en el estomago y el pecho, alguno incluso en la cabeza.
A pesar de todo la cogió de la mano y la condujo por las mojadas calles de la ciudad hacia su destino.
Iris se dejó arrastrar por él. Sobre ellos el cielo seguía nublado, pero ya no llovía.
Despertó temprano y un cielo gris le dio los buenos días desde la ventana.
Se refrescó la cara con un poco de agua y preparó un escaso desayuno compuesto de un café acompañado de un par de galletas.
Aún le daba vueltas al mensaje que recibió la tarde anterior.
Se dio una ducha rápida y se vistió con unos pantalones algo anchos estilo militar y una camiseta negra poco escotada.
Tomó los utensilios de pintura y se dejó caer en el sofá.
Dibujaba con rápidos trazos lo que parecía un puente tipo romano sobre un río rodeado de maleza.
Y en ello estaba cuando su móvil vibró sobre la mesa. Se estiró para alcanzarlo pero solo era una perdida de ¡la persona del mensaje!
Se levantó sobresaltada del sofá y se asomó a la ventana.
Jorge saludaba a Iris apoyado en el coche, estaba completamente calado pero aun así le sonreía.
-¡Baja de ahí!- gritó él sin dejar de mostrar su sonrisa.
-Pero, ¿qué haces? ¿estás loco?- Iris no cabía en su asombro. Allí, bajo su ventana estaba aquel chico de los ojos azules, sonriendole.
-Baja de una vez pequeña loca- gritó el una vez más.
Al escucharlo la cara de Iris pronto adquirió un color rojo. Bajaría y le daría a aquel idiota su merecido.
Jorge la vio desaparecer de la ventana y sonrió, aquella chica era demasiado orgullosa como para dejar que le dijeran algo así sin hacer algo al respecto.
Iris traspasó la puerta del portal, se había puesto una chaqueta para protegerse del frió e iba hacia Jorge echa una furia.
-Tranquila pequeña fierecilla- dijo él parándole los brazos.
Bajo el flequillo Iris le lanzó una mirada llena de rabia y sacudió los brazos para que la soltara.
Jorge no desaprovechó el momento, se acercó a ella y la besó.
-¡Ay!- gritó al instante llevándose la mano a los labios- me has mordido.
-Eres un pervertido- exclamó ella echa una furia- ni se te ocurra volver a besarme sin mi consentimiento.
-Si lo estabas deseando- dijo él con una sonrisa y al instante una lluvia de puños le golpearon en el estomago y el pecho, alguno incluso en la cabeza.
A pesar de todo la cogió de la mano y la condujo por las mojadas calles de la ciudad hacia su destino.
Iris se dejó arrastrar por él. Sobre ellos el cielo seguía nublado, pero ya no llovía.
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